Pasion, inclinada, veia sobre mi hombro lo que yo iba escribiendo, y nacia en la voz de Pasion, viva en mi oido, la idea que acababa de depositar en el papel mi corazon.
El asunto, el compás acelerado y vehemente de los coros, la voz vibrante de Pasion, la luz, la animacion de las fisonomías, todo realzaba el cuadro y lo hacia interesante.
A medida que yo iba improvisando, tomaban parte todos en el coro y me estimulaban á continuar.
Yo no sé de dónde aparecieron funcionando una flauta y un violin, despues un piston que clamaba sus sonoras notas con acentos apasionados.
Yo, aunque hago esfuerzo, no puedo recordar lo que improvisaba; era el estallar de mis propios dolores; dejar su quejido á mis penas, guardando su revelacion en el misterio; eran alusiones á esos hondos infortunios que lloran dentro de nuestra alma y encuentran simpatías en todos los corazones.
¡Oh patria! ¡oh sagrado nombre! ¿quién te pronuncia indiferente cuando teme perderte?
Al último, viejos, mujeres, muchachos, todos cantábamos agolpados al piano y teniamos los ojos llenos de lágrimas.
Pues, señor, no puedo recordar ni una estrofa de los tales versos, y ahora que no los puedo recordar, creo que estaban bonitos; ¡qué diantre de cosa!
Miéntras nosotros componiamos y cantábamos, un viejo coronel italiano, de calva frente, frac con cinta en el ojal del holgado redingote, y pierna de palo, habia mandado por unas botellas de Champaña, y al terminar el canto, entre hurras y palmadas, estalló una salva de taponazos para resucitar á los muertos.
Por de contado, que yo era el amigo de todo el mundo, y vino aquello de los Albums, y los encargos de epitafios, y todo lo que ya saben los copleros que esto lean, que acaso sean pocos.