—Ya lo creo: vd. tiene cara de tenderse de risa con un arancel, y acudir á una tabla de logaritmos para disipar su mal humor.

—Déjese vd. de bromas, me dijo un amigo corredor que siempre está en movimiento: cuando no canta, silba; y cuando no trastorna los útiles todos del escritorio, es porque alborota al perico, hace desesperar al perro, ó lucha por dar rapé al gato.

—¿Vd. ve ese gentío, dijo mi amigo Seis por ciento, que inunda mañana y tarde las calles de California y contiguas? Pues lo produce exclusivamente el Colegio de Corredores.

—Los corredores, añadió D. Pedro Decimal, forman una corporacion muy respetable: el oficio se compra á elevados precios, cuando hay vacante en el número, que es limitado. Yo conozco corredor á quien ha costado su oficio veinte mil pesos.

Las sesiones de la cámara de corredores se verifican en un gran local en la calle de California, muy semejante en estructura y tamaño, á la antigua cámara de diputados de México.

Dos horas por la mañana y dos por la tarde acuden á ese local los corredores, para el remate de los Stokes ó acciones de minas.

Ocupan los corredores, á guisa de los diputados de por estas tierras, el salon, cada uno en su asiento y con su mesita al frente, dejando una calle central para tránsito, que comunica con la gran mesa que se halla á la cabecera del salon, donde fungen el presidente y cuatro secretarios, que tienen altísimas dotaciones: no se usa campana; se sirven de un enorme martillo que golpea el presidente sobre una piedra, cada vez que lo requieren las circunstancias: diga vd. ahora á Fidel el modo de proceder en las sesiones, dijo D. Pedro á Seis por ciento.

—El procedimiento es muy sencillo: uno de los secretarios anuncia, por ejemplo, que se trata de rematar acciones de la mina Alfa, que las personas que tengan acciones avisen á los secretarios.

A esta voz, se levanta espantoso tumulto: todos los que tienen acciones brincan de sus asientos y se precipitan, agitando sus papeles, al camino central, empujándose, escurriéndose, alzándose sobre los hombros del que estorba; en una palabra, como una manada de potros brutos.

En instantes, inscriben los secretarios acciones y propuestas y se impone silencio. Establecido el silencio, los secretarios proclaman los remates hechos y su término medio, para dar á la operacion la debida publicidad, porque es de advertir que estas sesiones son privadas del colegio; el público no tiene derecho á asistir á ellas, pero sí los extranjeros que, como se sabe, tienen acceso á todas partes, en medio de particulares consideraciones.