—Le diré á vd. lo que yo sé, me dijo mi indulgente amigo. Por ahora, digo por ahora, porque aquí son los cambios diarios en todas materias; por ahora, hay ocho compañías que emplean ochocientos hombres y mil quinientos caballos.

Están en movimiento constantemente desde que sale la luz hasta más de media noche, doscientos carros, recorriendo una extension, en todas direcciones, que se ha calculado en cincuenta millas. Se gradúa en más de un millon de pesos el capital circulante, y el movimiento de pasajeros en más de veinte millones, advirtiéndose que la capital tiene doscientos cincuenta mil habitantes y gira el género de los negocios en un círculo en que no se hace uso de carruaje.

Los wagones son de varias clases, teniendo algunos notable elegancia: presentan cabida para veinticuatro y doce personas; generalmente van tirados por dos caballos; los más económicos son conducidos por un caballo, encargándose el conductor de recoger la paga á los pasajeros.

En esta conversacion llegamos á la calle de Clay.

En la esquina que da á la de Kearny esperamos los wagones, que son como los comunes, sin más diferencia que la de que la plataforma se extiende como un pequeño portal sostenido en delgadas varillas, y aquellos asientos al aire libre son muy codiciados y comunican al tren cierto aspecto de alegría muy agradable. Por supuesto que en los dias de lluvia y en el rigor del invierno, son ménos solicitados los asientos de plataforma.

Los coches no tienen mulas ni se percibe á primera vista conductor en el interior del carro, ni en la parte exterior visible hay manubrio, ni nada que parezca comunicarse con el carruaje. Rueda éste sobre sus rieles como un wagon comun, y solo se percibe en el espacio de riel á riel una canal ó zanja muy angosta.

—Para que vd. tenga idea perfecta de lo que desea saber, subamos en los carruajes.

La calle de Clay está situada en la pendiente de una colina de bastante elevacion, y en la colina se percibe el rápido descenso.

La colina está en el centro de una localidad, no solo la más bella, sino la más salubre de la ciudad: de ahí es que, como por encanto, brotaron á la falda y á los alrededores de la colina, preciosas quintas, jardines perfectamente cultivados, fábricas y talleres que hicieron ese rumbo de la ciudad de lo más interesante.