Proyectóse, en cuanto se notó el desarrollo de esa parte de la poblacion, el ferrocarril; pero no se pudieron vencer los obstáculos que oponia el terreno, ya para la traccion por caballos, ya para la locomotora.
A M. A. S. Hallidie se reservó el triunfo sobre esas dificultades, que parecian insuperables.
M. Hallidie es un excelente ingeniero que ha obtenido por sus talentos mecánicos notables triunfos: á él se debe el éxito brillante de los ferrocarriles de la calle de Clay.
Descendimos de los wagones mágicos: estábamos en lo alto de la colina.
Vimos una gran máquina de vapor dando vuelta á una gran rueda dentada. A la rueda la circuye una cadena sin fin, que corre en toda la extension de los rieles por el canal ó abertura, en el intermedio de los rieles de que hablamos; por medio de una fuerte polea se une la cadena con el extremo de la grada del wagon, á una uña de acero; así se comunica el impulso de subir ó bajar con la celeridad que se quiera.
La uña suelta ó afianza la cadena por medio de un resorte.
Cuando se quiere detener el carro, la uña suelta la cadena, levantando á la vez unas palancas que suspenden en alto el wagon, miéntras la cadena sigue girando, y para continuar el camino afianza la uña la cadena: esto se hace instantáneamente, sin el menor peligro ni inconveniente.
El sistema, segun el dicho de M. Hallidie, no es nuevo, pero tiene algo de mejor, y es que es muy bueno, y tanto, que varias compañías se habian propuesto adoptarlo, por las inmensas ventajas que produce, entre otras, la de prestarse á una baratura positivamente fabulosa.
Cuando volví al hotel, dije á Francisco:
—Mira estas apuntaciones; ya verás que soy obediente chico.