—Clarito: mi esposa.
—Y creerás? gente de buen trato, no aquellas gazmoñerías de nuestra tierra. Julian, ya podias decirle cuatro palabras á esa Emma que viene aquí, me harias lado, podriamos pasear juntos.
—¡Excelente idea! Incontinenti, le disparé á la tal Emma una descarga de visajes que la dejé fria.
Lucio no estaba enamorado, pero sí orgulloso: regaló á la chica un anillo con su fecha y un “tuyo hasta la muerte,” que hacia temblar las carnes.
En la noche del obsequio hubo no sé qué juego de prendas, y no diré á vd. por qué carambola; pero en cierta penitencia, cuando yo volví la cara, Ernestina habia plantado un beso retronado á Lucio, que se quedó con cara de tonto.... el viejo clamó: Oll rihgt, y pasó aquello como inapercibido.
Al fin Ernestina combinó las salidas con Emma, y á poco, coche arriba, coche abajo, y paseos y teatros van y vienen.... y Emma y yo les establecimos competencia, por supuesto sin faltar en lo más leve al órden legal.
Una noche, á deshora, la Ernestina salió de su cuarto, y sin gran reserva, y como si nadie la sintiese, vino á visitar el nuestro, porque dizque tenia miedo....
Confieso á vd. que yo fuí quien me asusté, y le dije á Lucio:
—Hermano, aquí espantan, y yo me largo....
Con efecto, pretextamos ocupaciones, necesidad de estar al otro extremo de la ciudad en nuestros negocios, etc.... Los viejos hicieron en todo esto un papel como si fueran de palo......