Las correrías en la calle fueron más frecuentes y costosas.
—Hermano, le decia yo á Lucio, acuérdate de aquella Guadalupe que está gimiendo y llorando en el Valle de México por tí, y que ya mero queda calva de los mechones de cabello que te incluye en sus cartas....
—No seas bárbaro, me contestaba, aquella es la mujer del corazon: esta es la de la civilizacion....
Y luego, aquellas mujercitas de México tan chiquitas, y tan de mal génio, y tan celosas, y tan escurridas.... no, hombre, si esto es divino! me parece que estoy enamorado de una Catedral.... cada beso suyo me alza un moreton.
El dia ménos pensado, y cuando ménos lo esperaba, recibió una carta Lucio, á raja tablas, llamándole para nuestra tierra.... yo debia permanecer en New-York.
Mi amigo pagó sus cuentas, hizo sus aprestos y dió parte á la familia de Ernestina de su partida.
—Well, Well, dijo el viejo, que repito era un mastodonte brusco y taciturno como él solo. Well, mañana á las siete espero á vd. á tomar el the por despedida.
—Aquí estaré sin falta.
—Ya lo ves, me decia el amigo al salir; ahora solo pienso en mi Lupe.... tendremos nervios, habrá éxtasis.... yo seré feliz....
En cuanto á mí, me quedaba el recurso de convertir en crónico el amor de Emma, y con calmantes de otra especie, consolarme de la ausencia de mi amigo.