Al siguiente dia fuimos puntuales al the; Lucio estaba guapo: guantes, corbata blanca, elegante sobretodo, raya abierta en medio de la cabeza.
Yo me compuse lo mejor que pude.
Algunos amigos de la casa asistieron, las criadas estaban de gala, el comedor muy alumbrado.
Carnes frias, lenguas de Sandwich, quesos, pickles, frutas en su jugo, keks.... vamos, se habia portado nuestra antigua patrona.
La señora presidia: de un lado de ella estaba el viejo; del otro, Lucio. Se comió con alegría, se bebió mucho, y se dijeron bríndis entusiastas.
Cuando estábamos al concluir, M. Horace, que así se llamaba el viejo, dijo á Lucio:
—Por fin, resueltamente marcha vd. mañana?
—Sí, señor, mañana sin falta.
—Oh, bien! bien! yo creo que partirá vd. con su mujer....