En el Molino del Rey, situado en las lomas de Tacubaya, famoso en nuestra historia, pasé mis primeros años, se puede decir que ví la luz.
Es un molino de trigo con sus accesorios de campo.
Por supuesto que los niños más estimados, los jóvenes irresistibles que me servian de modelo, eran aquellos ostentosos de brío y de pujanza, diestros ginetes, hábiles cazadores, y ágiles en la lucha y la carrera.
Yo tenia las cualidades contrarias, á un grado de espantosa perfeccion; me desequilibraba con solo abrir las piernas, tenia susto frente á un caballo, porque me parecia que de repente me soltaba una palabra que me dejaba frio: me vencia cualesquiera niña, poseia la ligereza de la tortuga, apuntaba á un pájaro, y ponia en peligro la existencia del compañero que quedaba á mi espalda, y en esto de habilidades de manos, desde entónces soy un prodigio; no atino nunca con los ojales de la camisa, el nudo de la corbata es para mí el nudo gordiano y no hay tornillo que no trasrosque, ni chapa que no desgobierne, ni tapa que no apriete, ni hilo que no enmarañe, ni treta que no quede inservible entre mis dedos, punzándome, pinchándome, quemándome ó desbarrancándome en cualquiera intento de destreza corporal.
Por este conjunto de deliciosas cualidades, sobre todas la del miedo, mi sociedad predilecta fueron las viejas, y los cuentos, el alimento y el placer de mi alma.
Aquel caballito de siete colores que venia á visitar al rey niño, pasando como una mariposa sobre las rosas y claveles del jardin; aquella Cubi Cubiana que cruelmente perseguida se libraba de sus verdugos, ya arrojando frente á ellos un peine que se convertia en monte de espinas, ya dejando caer un espejo que se tornaba extenso y cristalino lago, ya poniendo en el suelo un dedal que se convertia en los vivos aires en una capilla con su ermitaño, todo me encantaba, me enamoraba de lo maravilloso, y tenia risas para las diabluras de Pedro de Urdimalas, y lágrimas para el niño hijo menor del rey convertido en morado lirio que cantaba:
Pítame mi cedacero,
Pítame con grande amor;
Me mató mi hermano el grande,
Soy espina de la flor.
Contábase una noche al calor de la lumbre un cuento; mi Nana, que era la narradora, estaba bajo una ventana, con sus cabellos blancos, blancos como copos de algodon. Lita, mi prima, que ¿qué tal seria de bonita cuando la eligieron para representar á la Virgen en un coloquio en que era yo San Miguel? esa, estaba á mi lado; mis primos, sembrados entre mis tios; y mis señores padres.... lindos, porque lo eran, sentados en un sofá á lo léjos.
En el cuento se decia que tres niñas, hermosas como estrellas y más seductoras que nuestra madre Eva, llevaban al enfermo y joven rey regalos para enamorar su triste corazon y salvar su vida distrayendo su pena.
—La niña mayor, que se llamaba Fresca Rosa.... ¿qué le llevó? preguntó mi Nana.... estos confites al que diga qué le llevó....