El telon estaba levantado y se representaban cuadros animados de no sé cuántas atrocidades mitológicas, históricas y bíblicas.

Seguian servilmente la desnudez de las mujeres, ajustadas carnes de finísimo punto; en los hombres habia mayores economías sin ofender el pudor.

Pero es de advertir que la propia especulacion y la abundancia de hermosas, hacen que se soliciten por los empresarios mujeres de rara belleza, de suerte que independientemente de la exactitud histórica, la simple exposicion de aquellas damas esclaviza y enamora.

El foco en que aparece el cuadro se ilumina con luz eléctrica, miéntras el gas disminuye su fulgor, quedando casi oscura la pieza.

Acababa de presentarse el cuadro de Sanson y Dálila; el teatro se hundia á palmadas y gritos.

Echóse el telon, blasfemó la música no sé cuántas cosas, y quedó casi desierto el salon, por ser la hora, segun despues supimos, de las grandes libaciones.

Nosotros, siguiendo las costumbres que veiamos, corrimos la cortinilla de nuestro palco para fumar con mayor comodidad.

Apénas hicimos esto, cuando sin más antecedente y de manos á boca se encontró el palquito invadido por las deidades bíblicas del sexo contrario, que tanto habian encantado al público.

Mandaba la guerrilla de hermosas, una matrona gravedosa que conducia cerveza y Champaña para obsequiarnos.