Entónces medió uno de los que venian con M. Collen, y nos dijo que aquel jóven era del Kentuky, hijo de buena familia, que se habia apasionado de una mexicana y que no tenia más noticias de México que las comunes á la gente vulgar de los Estados-Unidos, que es mucha.

Así, estaba creido en que nos desayunábamos con tortillas con chile.... que hombres y señoras pasan el dia sentados al sol con sus guitarritas, en el bosque de Chapultepec.... que en los ridículos cargan los tamalitos y que son capaces de robarle la dentadura postiza á cualquiera que pasa con la boca cerrada. Sobre todo, él delira con ser padrecita ó general, que le parece que es lo único que puede llenar el ojo á Coelupaita.

Despues de hacer las paces con M. Foolisch, á quien fué forzoso considerar como una especie de salvaje blanco, nos unimos á nuestros compañeros que estaban en una verdadera oficina.... de nuevo género.

En grandes estantes, con cuidadoso esmero, habia tapones, alambres, lacres, sellos, y sobre todo, variadísimas etiquetas para hacer los pasaportes de la falsificacion de todos los licores, porque realmente se trataba de una gran negociacion de falsificaciones.

—Aquí tiene vd. todos los sacramentos del Burdeos: nada le falta para Chateau Laffite: esta marca, este lacre, estos tapones.... para San Vicente esta imprenta más tosca; para el Champaña esta cubierta, estas botellas, este estaño; y vea vd., el cometa Cliquot, exactísimo. Aquí tiene vd. el Jerez que enloquece á los ingleses....

Y todo se decia con tal desenfado, en tono de tan plena legalidad, que yo estaba, lo mismo que mis compañeros, aturdido.

—Las ventas son locas, decia el dueño; muchos prefieren el Champaña de aquí al de por allá.

Despues de nuestra excursion, volvimos al despacho.

Allí volvieron las copas á despedirnos con mayor ostentacion.

M. Foolisch, que trataba de desenojarme, me dijo: