—Toma este vinito dulce y haz cuenta de que está Tlachico, del que te bebe en Mecsico con tus señoritas.

—Así bebiera vd. arsénico, para no decir tanta atrocidad.

Despedímonos del dueño de la fábrica y de los sacerdotes del templo de Baco.

Durante nuestra monótona comida promoví la cuestion china, que me traia profundamente preocupado.

—Pero, véamos, me decia uno de los compañeros, tú cómo consideras la cuestion?

—Yo, así en extracto, les diré que la veo como cuestion de concurrencia de salario; el chino trabaja más barato, quita el trabajo al yankee.

—Pero bien, esa baratura cede en beneficio público; sin los chinos no se habrian efectuado las grandes obras de que se vanagloría California; por otra parte, ese odio es consecuente con la doctrina proteccionista; nada más perjudicial á una industria atrasada que un obrero adelantado.

—Entónces, échele vd. un galgo á las cuestiones de colonizacion.

—Yo aborrezco á los chinos, porque los chinos no tienen mujeres.... ya vdes. lo ven, chinas perdidas es todo lo que aquí se conoce.

—Pues todo eso tengan vdes. en cuenta: el chino se incrusta en un pueblo, sin asimilarse jamás, ni perder su tipo, ni consumir nada.... ya lo ven vdes.: vestidos, zapatos, frutas, legumbres, trastos, lienzos, dioses, todo se trae de China, y habitantes así, sin cohesion, más bien son un elemento disolvente en un pueblo....