—Eso lo produce la persecucion: otra cosa seria con la paz......
Hablábamos en estos términos, poco más ó ménos, cuando me dijeron que un caballero que habia preguntado por mí, se paseaba al frente de mi cuarto.
Subí precipitado: era el finísimo Sr. Gaxiola.
—Ha concluido vd.? yo no deseo molestarle, puedo esperar.
—Vd. no puede molestarme jamás, pase vd.: no quiere vd. tomar café con nosotros?
—No, Fidel querido, mil gracias; como los tiempos se acercan, he querido que vea vd., aunque no está concluido, el “Bwilden Hotel” ántes de nacer, anunciado como el rey de los hoteles de San Francisco.
—Vamos allá, dije.... y salimos á la calle.
—Ya tendrá vd. noticia, me dijo el Sr. Gaxiola, de que Mr. Baldwin es uno de los pocos hombres de mérito con quien ha sido justa la fortuna.
—No estoy en pormenores, repliqué, de la vida de este caballero; sé que es del Ohio; que desde 1853 reside en California y que ha sido tan atinado y feliz en sus negocios, que siempre se le menciona con el sobrenombre del “afortunado Baldwin.”