Llegamos á la calle del Mercado, en la union de las de Ellis, Powel.... de luego á luego me pareció el edificio de rara grandiosidad.
—Su frente, me dijo G*** en esta calle, es de 210 piés, y en la Porwel, por donde está la entrada, 275.
Volteamos á la calle de Powel, y abracé entónces en su conjunto el monstruoso edificio.
El Hotel Baldwin tiene seis pisos, y 162 piés de alto; es una manzana como de una pieza, alta como las torres de Catedral, y con sus cuatro fajas de nichos ó ventanas á los cuatro vientos.
Y si he dicho seis pisos, es porque las cuatro fajas de ventanas, descansan en esas portalerías de cristales, que tienen sus columnas y pórticos salientes y que hacen aparecer como en el aire el edificio.
Además, el subterráneo es un piso en forma, y ese, como se deja suponer, no está á la vista.
Pero lo que se ve es, en las alturas del hotel monstruo, otra especie de ciudad en las nubes, con sus edificios, sus torres, sus rotondas, sus linternillas, sus cúpulas, un verdadero tumulto de prominencias, que se las disputan con acueductos y con extensos lagos, pues no pueden llamarse tanques los depósitos que existen verdaderamente en la region de las aves.
Las cúpulas son de tal magnificencia, como la de nuestra iglesia de Santo Domingo y Loreto, y pudiera dar ligera idea de su forma, la cúpula del Señor de Santa Teresa de México, ó la del Cármen de Celaya.
Penetramos al interior del hotel; pero ¡qué! si aquello era una Babilonia incapaz de dejar que se juntaran dos ideas.
Suspendidos en los aires, brotando del suelo, embarrados á las paredes, encaramados en escaleras, colgando de los techos, por todas partes habia carpinteros, herreros, hojalateros, pintores, tapiceros, cargadores y traficantes, entre un ruido, superior á toda ponderacion, al redoble de tambores y al repique, á un altercado de costeños y á un ¡al hígado! de muchachos desaforados.