Jóvenes de todas las nacionalidades, muchachos del gran mundo y cotorronas desengañadas, decidoras y malignas, al dejar como forzadas el terreno florido de los ensueños y de las gracias.
Ni que preguntar, allí nos instalamos: se hablaba de todo; tenia campo la charla de Juvenal y las melodías de Peza, los arrebatos de Justo Sierra y la incisiva malicia del Nigromante.
Algunas parejas como que se andaban en apartes íntimos, sin soltar del todo el hilo de la conversacion.
La conversacion sobre el amor imperó, con aplauso universal; allí los epígramas; allí las alusiones picantes; allí la polémica eterna, que viene sin solucion desde Adan y Eva.
—Esta independencia de la mujer, decia Sussy, repugna á vdes. porque el español siempre remeda al árabe, y vdes. quieren esclavas, no mujeres.
—Queremos, señora, decia Ramon, sonorense de buen criterio y querido de las americanas, porque los morenos de ojos negros tienen gran salida en aquel mercado; queremos madres para nuestros hijos, no que se vuelva el juego tablas; la vida del hogar, no la del hotel.
—Pues en los Estados-Unidos se vive esa vida del hogar, y entre las familias de los antiguos pobladores, sobre todo en el campo.
—Eso seria ántes, decia Ramon: ahora, ya vd. lo ve, M. Stanton acaba de instituir y se hace propaganda para que las mujeres sean admitidas al voto y á los cargos públicos; el free lowe (amor libre), da un tipo masculino á la mujer, y en Filadelfia acaban de verificarse escenas escandalosas; sobre todo, las leyes del divorcio abren la puerta de par en par á la disolucion de todo vínculo.
—Vean vdes., decia Manuel, esto es magnífico; aquí en este libro (tomando un libro de sobre la mesa), tienen vdes. las causas que se admiten como legítimas para el divorcio.... son nada ménos que diez y seis.