Don Pedro, que es el nombre del otro estimable viejo, decia:
—¡Ojalá no hubiera sido la conversacion entre señoras; por eso callaba yo: si hubiera sido entre hombres de mundo, yo habria mostrado que la prostitucion llega á un grado inverosímil. Yo habria dicho de las casas ó establecimientos para dejar sin nuissance (sin estorbos), á las jóvenes desdichadas; habria pintado, con los colores á que se presta, la colosal fortuna hecha por una charlatana para procurar la soledad permanente de las jóvenes.
Y Doña Sofía, continuaba, ya recordarán lo que acontecia en Indiana, donde el divorcio solo requeria la simple manifestacion de discordancia de génios. Llegaba por el ferrocarril un matrimonio, se presentaba, y al volver á partir el tren, estaban desligados para siempre los más sagrados vínculos.
Muchos cócoras, en las estaciones de Indiana, gritaban al llegar los wagones: “¡Veinte minutos para divorciarse!”
—Varios anuncios de abogados habrá vd. visto, añadió D. Pedro, que dicen: Fulano,—Licenciado,—Con especialidad para el divorcio, con causa ó sin ella, cinco pesos.—Consultas grátis.
Lo que espanta es que aun en la sociedad puritana, como en Vermont, Maine, New-Hampshire, Filadelfia y otros pueblos, se muestre ese disgusto por la duracion de la vida conyugal y ese horror por los niños, como decia M. Dirou, y que más bien en el Oeste y en las poblaciones más sencillas, se hayan refugiado los más puros sentimientos de la naturaleza.
Mr. Jannet, en su obra titulada: “Los Estados-Unidos contemporáneos,” publicada en 1876, dice:
“Los últimos censos tienen demostrado que en los Estados del Este, la poblacion no crece con especialidad, sino en los distritos manufactureros, donde afluyen los inmigrantes. En los distritos rurales, ó permanece estacionaria, ó disminuye. Los últimos datos sobre la poblacion de Rhode-Island, prueban que cien americanos tienen por término medio dos hijos por año, miéntras seis emigrados tienen seis. Si este desórden continúa, no habrá dentro de cincuenta años un solo habitante de la raza anglo-sajona.”
—Contaré á vdes., interrumpió un jóven guatemalteco, que nos escuchaba, una anécdota que es característica, y que reasume, por decirlo así, cuanto hemos hablado sobre el particular.
Julio Martinez llamaremos al jóven. Contrajo matrimonio con una lindísima lady, que pudiéramos llamar una de las más ricas joyas de la 5.ª avenida, porque Esther era no solo hermosa, sino que su padre poseia opulenta fortuna.