“En su carrera pública, el gobernador Pacheco ha sido probo entre los probos y honrado entre los honrados. Jamás se le ha atribuido un hecho que pudiera empañar el escudo de un hidalgo en aquellos dias. El gobernador Pacheco heredó los extensos terrenos de su familia, así como sus ganados. Durante los años de sequía, se deshizo de todo eso, que ahora constituiria la fortuna de un príncipe, para socorrer á los pobres. A Pacheco pertenece la honra de haber atravesado una série de pingües destinos, sin haberse enriquecido por ello.
“Personalmente posee cualidades que tienen mucho mérito para el pueblo.
“Es considerado como el hombre de mejor figura y de más finos modales del Estado.
“Laza un oso con la propia facilidad que un becerro, maneja un yate como el más diestro marino, es un tirador de primera fuerza, y como cocinero, no le conocemos rival.”
Esto dice el periódico americano.
Nosotros podemos asegurar que ninguno de esos elogios es exagerado, y que el cariño que profesa á México nos lo hizo recomendable en alto grado.
El amigo que venia de disfrutar de la buena compañía del Sr. Pacheco, estaba encantado con los recuerdos de su paseo.
Contábame regocijado mi amigo, que el Sr. Pacheco llevó en su compañía al paseo á su hijita, niña encantadora en cuya fisonomía y modales parece que se habian dado cita las dos razas, sajona y española, para ostentar sus gracias: además, se reunieron al caballero obsequiante unos americanos, tan francos, tan alegres, que sin la denuncia impertinente de los años, se habria semejado el paseo á una salada de colegiales.
—Vimos la Bahía, me dijo el amigo, con sus muchos muelles, su tragin y su riqueza deslumbradora.