El epitafio que produjo en mí más honda impresion, fué el de Arturo French, muerto en 1860 en el naufragio del vapor “Norterner,” cerca del Cabo Mendocino. French era el primer oficial del buque; parece que habia venido varias veces á la playa para procurar la salvacion de sus compañeros. Contestó á los que trataban de disuadirlo que volviese al buque náufrago: “Yo debo vivir como cualquiera otro; pero mi vida pertenece á los que se hallan á bordo de aquel navío, y así, iré y permaneceré allí con el capitan. Si muero, decid á mi esposa y á mis hijos, que despues que hice siete inútiles tentativas, he muerto cumpliendo con mi deber.”

Un mástil solo señala su tumba, emblema significativo de los peligros de su vida y de su heróica muerte.

En un lugar apartado del cementerio, sin monumentos ni inscripciones, está el lugar concedido á los extranjeros.

Crece allí espontánea la yerba; en piedras humildes están depositadas algunas fechas y algunos nombres; de vez en cuando salpican frescas flores sitios que no tienen inscripcion alguna; lágrimas, confidencias íntimas, desconocidos misterios de amor y quebranto....

El murmullo de los árboles en aquel sitio, parece remedar los acentos del hogar distante..........

Yo no sé por qué en aquel lugar tuve como la aparicion de todo cuanto amo en el mundo.... La tumba en tierra extraña.... ¿qué más da?.... Oh, no! es horrible morir sin patria!........................................

La sensacion que acababa de recibir, no me dejó fijarme en otros suntuosos monumentos ... ni en una seccion destinada á los sepulcros de los individuos de las Compañías de apagar incendios, que es muy bella.

Poco me detuve en el Cementerio Chino, que está cerca de Lon-Mountain, ó mejor dicho, que como el Cementerio Católico, son secciones separadas de él.

El Cementerio Chino, realmente son depósitos de cadáveres encajonados, que hacen las Compañías para conducirlos al Japon ó China, como es sabido y está pactado: frente á los sepulcros hay hoyos en que se queman lo que ellos llaman perfumes.