Nunca me pareció San Francisco más seductor que el 3 de Marzo, víspera de nuestra partida. Iba como daguerreotipando en mi memoria calles y plazas; queria como calcar en mi cerebro aquella casa, con su enverjado de hierro, sus macetones y estatuas en el jardin; aquellos niños corriendo tras de sus aros al rededor de la fuente; aquella pareja perdiéndose en la distante arboleda en su elegante vogue; ella, indolente, acurrucándose al lado del yankee colorado, frio y preocupado solo del trotar desembarazado de su caballo.

En el saloncito que ocupaba Iglesias, habia personas de las más distinguidas, despidiéndose y prodigándole atenciones, más que relacionadas con su posicion, con su mérito real, con su sabiduría y virtudes.

En cada uno de los cuartos habia un totum revolutum infernal, baúles abiertos, sombreros regados aquí y acullá, botas y botines estorbosos, esperando colocacion, camisas, calcetines, pantalones, y con predileccion el cajon para los regalos á México, denunciando los afectos y el estado de los fondos del viajero.

En medio de este baratillo estaban los amigos libando en mi cuarto sendas copas, haciendo itinerarios, dando recomendaciones y encargos y comidiéndose á desempeñar comisiones, de la manera más servicial.

Por supuesto que no faltaba, sentada en un baúl con su canasto al frente y su chico sentado en el suelo, la lavandera, primer doliente en la partida de un soltero, ni la costurera con su mamá, que por primera vez se aparece, ni criados y conocidos que van hacinando lo inútil y dejan traslucir las satisfacciones y las envidias que provoca la herencia.

Los criados andan más listos que nunca, como que se acerca la hora de la propina extraordinaria; encuéntrase uno con afectos que le eran desconocidos, por supuesto de gente menesterosa y con cualidades que nunca sospechó tener.

Aquello de las peticiones de retratos, ni se cuente, que yo los repartí por docenas y recogí muchos, siendo para mí reliquias muy queridas algunos de ellos. A propósito:

Cuando un tonto es de pur sang me deleita, es tonto de ley de oro, como algunas piedras minerales.

Así habia en la colonia italiana una dama que tenia una hija hermosísima, de la que varios deseábamos el retrato; requerimos á la jóven, instamos á la mamá, y por fin, la víspera de mi partida, corrimos varios en tumulto á que se retratase Adelina.

La mamá fué con nosotros á la casa de Housewort y C.ª, establecimiento espléndido, N.º 12 Montgomery Street Market, donde se ejecutan con toda perfeccion las operaciones fotográficas.