Duerme, duérmete en paz, y no mi canto
Tu faz anuble con temprano llanto.
——
Oh! si estas fojas fueran los encajes
Que cayeran profusos en tu cuna,
Y te dejasen ver como celajes
La blanca faz de la apacible luna,
Yo alejara del mundo los ultrajes
Y el amago falaz de la fortuna;
Yo evocara con cantos halagüeños,
Al querubin de los dorados sueños.
——
Yo arrullara felice tu inocencia
Con cantos tan sentidos de ternura,
Que te hicieran sonreir de complacencia
En dulce arrobamiento de ventura.
Alejando tus sombras mi experiencia,
Entónce apareciera tu hermosura,
Como tiembla en el lago casta y bella
En cielo azul la matutina estrella.
——
Este libro es tu altar, niña inocente,
Yo olvidé al contemplarlo mis dolores
Y en él pegué mi atormentada frente.
No tiene el alma ya cantos de amores,
Perdió mi lira el resonar ardiente:
A mi existir desierto pedí flores....
Una sola me otorga mi quebranto,
Ponla en tu corazon: tiene mi llanto.