Fino sin afectacion, consecuente y franco sin llaneza.

Ríe con bonhomie y estrepitosamente, manifiesta ingénua admiracion por lo que cree bueno y no comprende, y se apasiona de las gracias y de la dulzura de nuestras damas.

Sobre todo, el respeto á las señoras es de todos ellos, y eso explica esa intimidad y esas grandes travesías sin accidentes, que no, no pasarian con gente de nuestros hábitos; se puede jurar esto que digo, no hay que acusarme de parcialidad.

En las noches, los asientos de los sofacitos se corren y extienden: el adorno cae como una tapa, sirviéndoles de techo, de esa tapa se hace otra alcoba y se convierte aquella seccion en dos camas: dentro de la caja superior está la ropa de las dos camas, que quedan con sus colchones, sus cobertores, sus respaldos, su lámpara y cuanto puede apetecerse, ménos cierto adminículo que en esos casos quisiera uno llevar colgado como un arete.

Dispuestas así las cosas, se corre una cortina por las varillas superiores, se afianza de trecho en trecho de grandes clavos de metal, y quedan formadas alcobas perfectamente iguales, donde se pasa la noche muy cómodamente, cuando todo marcha en regla.

El exterior de las alcobas queda como un callejon angosto entre dos altas paredes de lienzo grueso.

El servicio está sobrevigilado por caballerosos y atentos inspectores, á quienes se recomiendan las mejores maneras, y los que son despedidos á cualquiera falta.

Se ocupan del aseo y sirven á los viajeros, negros muy elegantes y bien vestidos de azul, con sus cachuchas en que está escrito el oficio á que se les destina. Estos negros asean, preparan el agua, cepillan la ropa, limpian las botas, y en la carga y descarga de los trenes se encargan de los equipajes, haciendo mandados en las estaciones y siendo en general útiles y honrados.

En el interior de los carros, y á los piés de los asientos, corren tubos caloríferos que los mantienen á la temperatura que se quiere, de suerte que está azotando la nieve los cristales, á la vez que corren los niños en el saloncito con sus vestidos de lienzo, y las damas ostentan sus trages de primavera.

Por los tránsitos interiores de todo el tren pasa, con más frecuencia que lo que se quisiera, álguien que ofrece en venta á los viajeros libros y folletos á propósito para los ferrocarriles, guías de viaje, vistas, itinerarios y cuadernos con novelas maravillosas y patibularias.