Como deciamos, nos acompañaban nuestros amigos Ibarra, Alatorre y Hagen.
Nada puede compararse en fertilidad y animacion á los campos que recorriamos. En los caminos se encontraban ómnibus y carruajes, y carretas que chirriaban conduciendo mieses y granos; en el suelo formaban alfombra las sementeras; bajo grupos de árboles gigantes tendia la viña sus toldos caprichosos; sobresalian entre los sembrados los discos de los molinos de viento, las chimeneas de las fábricas y las puntiagudas torres de los templos; y á lo léjos, al pié de las montañas, veíanse pastando los ganados ó corriendo en hileras al lago en que reverberaba, tiñéndolo de azul y grana, la risueña luz matutina.
En la estacion de Lanthroop, ántes de Sacramento, recibimos los adioses de nuestros amigos.............................
De aquella estacion parten varios caminos; pero dos me atraian por su fama: el de los Angeles y el del Valle de Yo-semite. El primero conserva mil recuerdos de México: en medio de la corriente de la colonizacion; donde hay una leyenda sentida; donde se balancea una ave canora; donde tiende el amor sus alas de oro, allí se invoca á México, como si el sentimiento concediera nuestra nacionalizacion á todo lo bello y á todo lo poético.
En cuanto al Valle de Yo-semite, llenos están los Albums y las guías de viaje con las relaciones de aquella naturaleza magnífica sobre toda comparacion.
Arboles á los que se ha tenido que llamar monstruosos, porque ha parecido vulgar y fria la denominacion de gigantescos, rocas cuyo conjunto ha merecido el dictado de catedrales y de las que una sola fungiria como montaña. Cataratas cayendo como en tropel y precipitándose por gradas de inmensa altura, valles apacibles y sombríos limitados por alturas inconmensurables, y lagos entre follajes y arboledas, que como que se esconden avaros para guardar pedazos de cielo en sus entrañas, y comprender en un sentimiento único de admiracion tierna, las más espléndidas manifestaciones de Dios....
Pero no era posible detenerse: el wagon tiene algo de fatal en su marcha; sigamos contemplando lo que nos rodea, á vuelo de pájaro.
Dejando por uno y otro lado sembradas estancias y chozas, que como que brotaban al borde de las ventanillas del carro, abriendo sus bocas y sus ojos para vernos pasar y desaparecer veloces, los conocedores nos hacian notar la proximidad de una grande estacion.... leña apilada por dos y tres millas.... ruedas y rieles aquí y acullá.... grandes pipas con agua.... carbon amontonado en colinas.... despues cruceros de rieles en todas direcciones.... luego como una ciudad desbaratándose y andando sus aceras cada una con su locomotora.
La estacion, cuando es de alguna importancia, está bajo grandes jacalones que cubren el despacho, el telégrafo, los depósitos para la carga, caminos para coches y carros, fondas y cantinas, depósitos de ropa hecha, sombreros, zapatos, baúles y todo género de útiles de viaje.