En el Oeste, los chinos hacian casi todo el trabajo; sóbrios, disciplinados, inteligentes, rompieron esa muralla de granito que se llama la Sierra Nevada, cuya mayor altura es de dos mil metros sobre el nivel del mar.
En los descensos se hacia y se hace marchar el tren sin locomotora, por efecto de su propia gravedad, retenido y moderado por los frenos: en las subidas se ponen dos locomotoras, que se oyen como jadear y sofocarse, agotando su titánico impulso.
Si hubiera luz, me decia M. Gland, distinguiria vd. desde las alturas que vamos cruzando, allá muy abajo, llanuras cubiertas de nieve, y en el confin del horizonte, como serranías de cristales apagados, formando pliegues sus ondulaciones, alzándose como en olas petrificadas sus colinas superpuestas: es un mar sorprendido y encadenado en medio de su hervor, por las nieves eternas.
En algunas eminencias suelen verse en alto los brazos de los árboles, como luchando por salvarse de un estupendo naufragio.... y grupos de pinos, como señores consternados que lamentaran con espanto aquel aniquilamiento silencioso y terrible.
Uno de nuestros compañeros sacó el reloj.... eran las once de la noche. A dormir....
El interior del Slepen car era un triste dormitorio con sus lámparas de trecho en trecho.
Mis compañeros, muy habituados á los viajes, tuvieron pronta colocacion.
M. Gland, habia conversado y obsequiado á un sirviente que le tenia preparado su cómodo lecho.
Yo quedé solitario, sin colocacion alguna, aunque cierto de que me esperaba allí una cama con los brazos abiertos.