El sueño me vencia; pero los departamentos estaban cubiertos totalmente, y son tan iguales, tan difíciles de distinguir, que me temia uno de esos encuentros, que no me fuera en manera alguna agradable.
Al fin, logré instalarme; pero tan mal y con tales inconvenientes, que con notoria injusticia, porque en ninguna parte del mundo se camina con mayores comodidades que en los Estados-Unidos, forjé ántes de que alumbrase la luz, el siguiente calumnioso romance:
MALA NOCHE.
Ven pronto, luz de los cielos,
Para mirar por mis ojos
Que soy el mismo sugeto
Con mi piel y con mi rostro;
No me hagan creer mis sentidos
Que estoy habitando en otro,
Ligero para tortuga,
Muy obeso para mono.
Y lo digo porque siento
Que me morí como un pollo
En las contiendas de anoche,
En este Eslip del demonio:
Eslip, sangrienta asechanza,
Eslip, sobrenombre irónico,
Cual si dormir se pudiese
En medio de un terremoto,
O al que se mece colgado
En las dos astas de un toro;
O al que va haciendo columpio
En la barquilla de un globo.
Era un carro intercadente;
Era el retozar de un cojo;
Era un brusco zarandeo,
Como de Pane el birlocho;
Era un carro como estuche,
Do íbamos unos tras otros,
Como en cuello de botella
Tapones de hinchado corcho.
Tan tartamudo de ruedas,
Y de unos muelles tan flojos,
Como tras el si adorado
Se queda voluble novio.
Era por fuera una artesa
Con sus puertas y cerrojos,
Y por dentro gallinero,
Jaula, cómoda, sarcófago,
Todo, ménos una estancia
De gente de tomo y lomo.
Llega la noche, se torna
La prision en dormitorio,
Y es un salon de profundis
El Pullman Palace lóbrego:
(Yo digo en el que me encuentro,
Dicen que hay mejores otros).
Hambriento porque no quise
Desafiar al fiero noto
Que les dió tal safacoca
A mis compañeros mozos,
Que yacen enteleridos
Y duermen desde las ocho.
Resuelto por fin me empaco
Al uso, debajo de otro,
Que si no ronca, rechina,
Y puede, al descender tosco,
Aplastarme las narices
Si salen con bien mis ojos.
Me empaco en cinco dobleces,
Que aunque tengo el cuello corto,
Cuando pienso levantarme,
De cada sosquin me doblo:
Antes de entregarse al sueño
Quiere mi cuerpo reposo;
Mas quietud en este carro
Es pedir peras al olmo.
Prescindo de sus vaivenes
Y del tufo del petróleo,
Y del viento que se cuela
Hasta taladrar los poros,
Y del ruido que en cien millas
De correr, me tiene sordo;
Pero los rieles son cuerdas
Y el wagon holgado choclo,
Que gobierna el maquinista
Con tan temerario arrojo,
Que cada vaiven nos pone
Entre este mundo y el otro.
En vano viajes emprendo
Allende del dormitorio:
Al regresar entumido
Y dando un diente contra otro,
Los nichos de los durmientes
Por lo iguales equivoco.
Uno me despide airado,
El otro me gruñe fosco:
Y al cielo rindo mil gracias
De no encontrar un celoso,
Que me rompa tres costillas
Porque con su esposa topo,
Diciéndole: “compañero,
¿Tiene usted á mano fósforos?”
Así, subiendo y bajando,
Sin poder cerrar los ojos,
Me halló la luz de la aurora
Dando vueltas como un loco.
Fidel.
Marzo 5 de 1877.
No obstante la extension de la nieve, el dia amaneció hermoso y el sol apareció espléndido, convirtiendo aquellas atrevidas alturas, aquellos despeñaderos, aquellas ramas de los árboles, en paisajes de cristales, en quiebras de luz, en reverberaciones de íris y en todo lo que puede soñar de más fantástico la imaginacion.
Al Sur se extendian las llanuras y se agrupaban las montañas, como de cristal.
El carro verificó su trasformacion, y quedó convertido en la sala elegante que ya conocemos.