En la casa almorcé y pasé parte de la tarde oyendo tocar la guitarra.

De todo me hablaban, todo me consultaban; yo encarecí á Doña Salomé las inmensas ventajas de que se estableciese en México: allí, le decia, nos desayunamos con cajetas de la Habana; por poco que una gente se respete, fuma puro habano; el cigarro habano es de toda gente bien educada, y desde el salon al templo, una danza habanera disipa los pesares y refresca y anima los más adoloridos corazones....

Don Pablito me habló de negocios; echó pestes contra los yankees, y cuando vino su hijo Leopoldo del colegio, porfió porque me enseñase la traduccion que estaba haciendo del inglés, porque es un muchacho como el demonio y con un talentazo más lindo que Jesus del Monte.

Leopoldo ya tenia sus toques de yankee; su saco holgado, su sombrero de fieltro y su zapato bajo con hebilla de acero.

Las muchachas estaban acurrucadas, por mi dicha, al rededor del retrato de D. Felipe....

—Vea vd. mi traduccion, me dijo, es un simple Book notes sobre Missouri.

—Lee tú, Leopoldo, para que el señor se haga el cargo de tu sindéresis.

Y leyó Leopoldo:

“El Missouri, desde los tiempos que pueden distinguirse á la luz de la historia, era del dominio de los hombres de Piel Roja, que vivian en aduares y formaban bandas ó tribus errantes sobre el territorio que hoy forma el Estado de aquel nombre. Vivian los pieles rojas de la caza y la pesca. Tenian perros, pero no otros animales domésticos; hablaban diferentes idiomas incultos, y á veces se hacian cruda guerra los unos á los otros.

Tal era la condicion de aquellos hombres, cuando el 7 de Julio de 1683, una pequeña banda de europeos y canadienses, procedentes de Quebec y conducida por el fraile Marquete y el comerciante Zohet, llegó con todos á las orillas del Mississippí.