—La pobre le presentó un canutero de ébano, bien labrado, pero no gran cosa; el canutero tenia dentro una plumita primorosa, como de chupamirto. Pero es el caso, que la niña mandó cerrar todas las puertas para sacarla del estuchito, las cerraron y se quedaron á oscuras completamente.
Entónces la niña sacó la pluma, y alumbró de repente una luz de luna deliciosa—porque estaba por el revés la pluma—lo mismo hacia la pluma en los campos y por donde quiera.
El rey, asombrado, volteó la pluma por el derecho, y entónces fué como si hubiera alumbrado el sol....
—Eso estuvo mejor, mejor que mejor, gritaba Lolita, sonando sus manecitas de azucenas.
—Esperen vdes., que falta lo bueno.
Cuando se sacudia la pluma, alumbrando por el revés, entónces caia una lluvia de mediecitos nuevos de plata, y cuando por el derecho, escuditos de oro.
—Cabal, de su apellido, dijo una anciana, porque ella era Granito de oro.
El niño-rey tomó los escuditos y vió á la niña, y la pobrecita que quedaba, estaba al morir.
—Yo que ella no hago nada.
—Ni yo.