Congréganse carros y carretas, colchones, cuadros, pianos, útiles los más inciviles de la vida íntima; y así como todo lo deja el emigrante, todo se apropia sin el menor escrúpulo el que queda, sin cuidarse de la procedencia y haciendo uso inmediato de los desechos que remata. Lo mismo sucede con los sombreros, con los zapatos y con la ropa que llaman de segunda mano.

Todo el tragin que hemos procurado bosquejar de dia toma en las noches otro tipo, sin dejar su actividad febril, á lo ménos en las calles principales.

Pero la noche es el misterio y lo fantástico con que se complica admirablemente la luz artificial.

En varias esquinas, en alto y á la luz de las antorchas, se miran los mil suertistas, embaucadores y charlatanes en que tanto abundan estos lugares.

Ya es un hombre que traga á puñados copos de algodon y por la manga de la levita le sale hilo de la mejor calidad, vendiendo sus carretes á alto precio. Ya es un sabio que hace funcionar su máquina eléctrica para hemorragias, reumatismos, dispepcias y qué sé yo cuántas lacras y achaques de la triste humanidad. Ya el propietario de unos pajaritos que predicen el futuro, acarreando papelitos de diversos colores en el pico. Una gitana dice la buena ventura á unos labriegos, miéntras un espiritista denuncia sus conversaciones con el alma de Señora Santa Ana ó de Booth, el asesino de Lincoln. Un Arago callejero explica los fenómenos celestes al frente de un telescopio por donde todos ven oscuro, y un perro sabio adivina lo que tiene uno en el bolsillo y la chica que más le confronta de la concurrencia.

Los cafés cantantes, los teatros de Ministrils, los totilimundis y los saltimbanquis, se anuncian con músicas de viento, sin cesar por ello los cilindros, haciéndose rajas con los carcajeos de Offembach ó las salidas picarescas de la Fille de Mad. Angot, miéntras tres desgalichaos músicos de la Murga con su arpa y sus violines, sus sorbetes y sus levitas raidas, gimen sus himnos á Garibaldi, con un sentimentalismo como de quien no ha probado bocado en todo el dia.

En las noches de luna, los parques y jardines son muy concurridos, viéndose en el parque, en Cliff House y en otras casas de campo, concurrencia hasta muy entrada la noche.

Pero donde se concentra una animacion nocturna que sorprende al viajero, es en la calle de Dupont y sus alrededores.

Esa seccion de la ciudad, en una extension como de tres millas y con muy contadas excepciones, se compone de estancias habitadas por elegantes sirenas, que atraen con sus cantos y sus hechizos á los frágiles mortales.