En el conjunto de aquella concurrencia me hacia esfuerzo para conocer á las hembras, que se me resiste llamar bello sexo.
El teatro es semicircular, con una sola galería, como una gran cornisa saliente.
Esto apénas lo distinguí, porque me dediqué de lleno á ver la representacion.
No tiene telon ni decoraciones el proscenio; en el palco escénico, al frente del espectador, está una mesita de madera blanca, entre dos puertas, y á su lado la orquesta que consiste en el gongo ó comal de metal, y unos bolillos de palo sonorísimos, que golpean contra piedras. Una especie de violines de la hechura del mango de una guitarra y algun caracol ó trompeta; esa es la orquesta, cuyo conjunto forma cuanto puede inventarse de más rasposo, horripilante y asesino en materia de ruidos.
Entre aquel golpeo embriagador del gongo, se ven carreras desaforadas, gesticulan caras estrambóticas, se encogen y desplegan actitudes de verdaderos demonios.... Atencion, me dijeron, se está verificando la batalla....
Sale por ejemplo un caudillo con sus alas blancas, con su túnica riquísima de sedas de colores y oro, con su casco y su espada, dirigiendo á unos hombres desnudos de medio cuerpo.
Encuéntrase este grupo con otro, que sigue á distinto caudillo; si aquellos hombres del primer grupo tenian la parte superior del cuerpo desnuda, éstos tienen la inferior. Embístense las legiones, luchan, se ruedan por el suelo, dan machicuepas, se revuelcan como unos frenéticos. La victoria se declara por el primer caudillo, que es una caricatura de San Miguel Arcángel.
Los chinos victoriosos desfilan con una celeridad que apénas puede seguirse con la vista, corriendo, dando brincos increibles y vueltas en el aire, completándose en el vuelo circular que remedan, la parte desnuda de los unos con la parte vestida de los otros, como si estuvieran pintados en una rueda que diese vueltas en alto.
Los vencidos, en medio del tragin, ponen obstáculos á la festividad vertiginosa; obstáculos que consisten en amontonar mesas y sillas, sobre los que se precipitan los retoños del celeste imperio, como si se desensartaran de un hilo multitud de cuentas azules que rodaran sobre planos inclinados en todas direcciones.