El ruido no cesa, y á su golpeo, que no se puede llamar compás, salen diversas cuadrillas de combatientes, entre las que me deslumbró por la riqueza de sus vestidos, una que remedaba padres con casullas y dalmáticas de seda y oro y de bordados espléndidos, que valuaron los conocedores en muchos miles de pesos.
Nuestra completa ignorancia de la representacion hizo que pronto degenerasen en monótonos los saltos, los alaridos, el ir y venir y las posturas puntiagudas, cuadrangulares y diabólicas de los actores.
Segun mis confusas reminiscencias, aquella era una representacion histórica, en la que un erudito habria encontrado rastros de las religiones orientales y de la nuestra; pero aunque la ignorancia es atrevida, en mí, no lo es tanto que me arriesgue á indicar mis conjeturas, y dejo las cosas de tal tamaño.
Mi cicerone me aseguró que aquella representacion duraba muchas noches, siempre atrayendo igual gente.
En efecto, en los intervalos de los saltos, los grandes personajes hablaban, y entónces se notaba en el concurso viva atencion, señales de interes y aun lágrimas.
Las mujeres se sitúan en la galería, separadas de los hombres.
Durante la representacion, circulan entre los espectadores, gentes que venden bizcochos, dulces, tabacos y refrescos.
Salí del teatro atarantado, como si hubiera estado en un campanario durante un largo repique.
Apénas habiamos dado unos cuantos pasos en la calle, cuando nos detuvimos frente á una puerta, de la que arrancaba una escalerilla de palo angosta, pero cómoda, y nos encontramos al acabar de ascender, en un elegante salon chino. Era un restaurant.