—Pues, señor, tenia dentro unos cristalitos que á primera vista nada ofrecian de particular....
—Habias de salir con eso, Guillermo, dijo Lolita.
—Esperen vdes. un poquitito.
—Perdió Lucero del Alba.
—En cuanto que se tomaba el cristalito con los dedos, se veia al través de ellos lo que uno queria como si estuviera presente; campos, mares, cielos, y por aquí la gran ciudad del Santo Padre de Roma, y con otro cristalito todita la Francia, y con otro todita España; pero no en pintura, sino de veras; las calles, las personas, los carruajes, todo, todo.
Si era de noche, se veia de noche; si de dia, de dia; y si entusiasmado queria uno estar en cuerpo y en alma donde se estaba mirando, no habia más sino pasarse el cajoncito de una mano á otra, llenándose de onzas de oro el tal cajoncito, que jamás se agotaba, aunque con una bomba le estuvieran sacando dinero.
Aplaudia la gente tan de buena fé, que yo me puse anchísimo: le contaron la gracia á mis señores padres.... que les ví lágrimas en los ojos, creyéndome capaz por aquella pamplina de echar el pié atrás al propio D. Quijote de la Mancha.
—Siga vd., Nana, siga vd., dijimos todos.
Y mi Nana continuó:
—Aunque hubieron sus opiniones sobre todos los regalos y los otros tal vez eran mejores....