Nuestros sirvientes, acompañados del dueño ó encargado del establecimiento, nos hicieron ver minuciosamente el salon.
Antes nos explicó uno de ellos la manera de servirse las comidas.
En una mesita de las que veiamos, é igual á la en que estábamos sentados, se colocaban los convidados. Del frente de cada uno de ellos parte una fila de platos con manjares; los platos son de mayor á menor, formando el conjunto como los rayos de una rueda, mejor dicho, los platos y platitos forman una estrella. Los platos grandes son para los manjares, los pequeños para los dulces. Sobresale entre las bebidas el sabor del agua-cola, y entre las comidas el de la asafétida. Con eso queda hecha la apología de la cocina de los chinos.
Véamos el salon detenidamente.
Grandes arcos y cornisas de madera calados, figurando pájaros, pescados y flores: lianas que cuelgan de las puertas y parecen temblar con el viento.
En la gotera superior, en delicadísimos bajos relieves, vimos figuras y caractéres que nos dijeron referirse á la vida de Confucio, á episodios de sus viajes y la traslacion de sus sábias máximas.
Al subir del primero al segundo piso para retirarnos, nos detuvimos frente á un mostrador en que se encontraba el director de la negociacion y el dependiente principal.
El primero de estos personajes fumaba su pipa, de pié, pero recostado en el armazon de aquella especie de cantina.
Tenia el director entre sus labios su pipa como de ébano, con boquilla y preciosos adornos de plata. La pipa consiste en un tubo delgado, como de una tercia de largo, y remata en una pequeña cazoleta donde apénas cabrá la yema del dedo meñique: allí está ardiendo una bolita poco mayor que un garbanzo: ese es el opio, que constituye la delicia y que consume la existencia de los chinos.
En el fondo del salon se ven unos pequeños cuartitos con sus cortinas: dentro, sobre tarimas, hay grandes cojines; allí se encierran los fumadores de opio.... á olvidar la realidad de la vida.... soñando cosas encantadoras.... Pues, señor.... ¿eh?....