Como ya he dicho, al frente del hotel en que habito hay un hospital. Al lado del hospital se ve una pequeña capilla.
Ese dia de año nuevo chino, visitan la capilla. En su centro, y en una especie de altar, dominaba un ídolo negro.
A su frente hacian varias genuflexiones los sacerdotes.
Uno de ellos agitaba en su mano una especie de cubilete, lleno de unos palillos delgados como limpiadientes: despues de agitar el cubilete para que se revuelvan los palillos, los arroja por alto, y al caer, ó por la postura en que se colocan, que suelen formar letras del alfabeto chino, ó por su número, marcan tal augurio, que interpreta el sacerdote y apunta en un papel, hasta que concluido su cálculo, arroja el papel al fuego. Si el augurio es feliz, entónces hay cantos y demostraciones de regocijo. Si es desgraciado, exhorta el sacerdote á la conformidad ó á la penitencia.
En la noche el Barrio Chino está iluminado. En varias tiendas hay una especie de altares que visitan todos los que quieren.
Los chinos se muestran complacidos de las visitas, y obsequian á sus amigos con dulces, bizcochos y Champaña.
Yo entré á una botica china que tiene el aspecto de nuestras malas boticas mexicanas del año de 30. Muchos cajoncitos, botes de barro vidriado y botellones de vidrio ordinario.
En el fondo de la pieza estaba la figura, de Khoing-Theseu ó Confucio, con su bonete de dos altos, su luengo bigote y su barba rala y tendida como una cortina.
A los lados del altar me pareció reconocer á Hoase, madre de Fou-hi, de quien cuenta la leyenda que siguiendo los pasos de un hombre la circuyó el arco-íris y dió á luz al gran rey. El seductor tenia el cuerpo de serpiente y la cabeza de buey.