Pero donde la vida se concentra; lo que constituye dia á dia un espectáculo interesantísimo para el viajero; lo que cambia como caleidoscopio y no puede sorprender para fijar la pluma, es cada uno de aquellos jacalones, porque cada uno es una abreviatura del globo y una torre de Babel.
Dos de los jacalones son contiguos; el otro se aparta á un lado para arrimarse á la Leveé ó rambla de madera que está junto del rio, y en que se hace la descarga de los buques.
Cada jacalon ó galera forma en su interior un cuadrilongo, y los pilares que lo sustentan hacen varias naves. En los lienzos, ó mejor dicho, los claros que dan á la parte exterior, los puestos corridos son cantinas, mostradores en que se sirven thé, café, bifteks con diversas salsas, papas, y en una palabra, desayunos con sus licores de ocultis.
Las carnes se exponen con suma limpieza en una de las galeras, en mostradores forrados de zinc, que se lavan constantemente.
En otra de las galeras forman angostas calles, se hace un laberinto de entradas y salidas formado por los puestos de semillas, de legumbres, de verduras, de frutas y de cuanto se puede imaginar para regalo y contentamiento del estómago.
Allí, al frente de cada puesto, se marcan y ostentan las diferentes nacionalidades, en toda su pureza nativa.
La francesa con su justillo, su enagua rabona, su falla y su empaque á la Mad. Angot; la italiana con su chaqueton negro, su casquete de sarga y su enagua burda, grandes ojos, tez morena; la española con su ahogador y su peineta; la negrita con su cabeza rizada, su cuello esbelto, su cintura breve y su ancha cadera; la cuarterona voluptuosa, de ojos negros y rasgados, color apiñonado, y labios carnudos y sensuales; y en cuanto á la parte masculina, charlador y afectado el frances; desgobernao y diciendo desvergüenzas el español; caricato y zandunguero el negro; insolente el yankee; austero y taciturno el inglés, y todos unidos por la tremenda confraternidad del whiskey.
El otro de los jacalones á que llaman Bazar, contiene lienzos, objetos de mercería, trastos y una miscelánea inclasificable.
Pero berzas, lienzos, frutas, trastos y comestibles no fueran sino de las más ó ménos decoraciones de un teatro, si no las animara un gentío tal, que parece que la poblacion entera se desaloja de donde asiste, para darse cita, confundirse y alegrarse en el mercado.