Además del mercado frances, hay nueve más en la poblacion, siendo los más notables el de Poydrás, el de la segunda calle de Santa María y el de Magazine.


Una tarde, cuando más nos agobiaba el fastidio, recibimos Alcalde, Lancaster y yo atenta invitacion para visitar el Asilo de ancianos, que está en uno de los extremos de la ciudad, al cuidado de unas religiosas cuyo nombre no recuerdo en este momento.

Con la familia afectuosa que nos convidaba iba J. A. Quintero, siempre fino y caballeroso cuando se trataba de nuestras personas.

Dirigímonos al Este de la ciudad: por donde la poblacion escasea, se tienden grandes trechos en que ha crecido la yerba y verdeguea el césped, y despues de recorrer una dilatada tapia, nos detuvimos en una puertecita pequeña con su zaguan y un segundo porton, desde donde por una ventanilla se descubrian los arbustos y las flores de un jardin interior.

Algunas religiosas salieron á recibirnos, siendo corteses en sus maneras, despejadas en su conversacion y atentas al extremo.

Penetramos al interior del edificio, que es un extenso jardin, en el centro de una especie de escuadra formada de las altísimas paredes del Asilo.

El edificio tiene cuatro corredores prolongados y estrechos, y por ellos se transita á secciones ó piezas en que se alojan los ancianos.

El edificio estaba en construccion: de ahí es que su color era el de la mezcla, y lo hacia un tanto austero y sombrío.