En el jardin, y siempre aislados, percibimos á algunos ancianos, que leian libros ó periódicos en silencio profundo.
Nos vieron pasar aquellos caballeros con indiferencia profunda.
Como es costumbre en esos establecimientos, se nos mostraron las oficinas de la casa en perfecto arreglo, la despensa y los almacenes, la lavandería y la cocina.
Siempre los que muestran tales establecimientos como adheridos á ellos, se apasionan, hacen su apología, como si llevaran la segunda mira de que nos quedásemos allí; lo que no siempre es muy divertido para los visitantes, tratándose, por ejemplo, de un panteon, de una casa de locos ó de establecimientos de este género.
Los pisos interiores del edificio están destinados á los hombres.
En ellos no habia bulla; pero se conversaba entre aquellos hombres llenos de canas, enfermos, medio ciegos: habia todas las auroras del aniquilamiento y de la nada; pero era lucha, era la pared cuarteada, pero en pié; el tronco sin ramas y sin hojas, con la corteza carcomida, pero conservando la figura del árbol.
Dimos un paso más y ya el cadáver estaba haciendo desaparecer al hombre; el pómulo saliente, el ojo hundido, el cabello.... agitándose por hebras.... las líneas del cráneo acentuándose, la voz de tiple, la boca desdentada....
Y en aquella exposicion de mómias, y en aquellas calvas, y en aquel harapo de gente, caia la dulzura de la caridad, como una reminiscencia para aquellas entidades náufragas, en que se borraba hasta el recuerdo de la especie humana.
Mis compañeros aprovechaban el tiempo, informándose del número de personas que sostenia el establecimiento, sus fondos y sus reglamentos.
De mí se apoderó invencible tristeza: me reconcilié con la muerte, la veia sonreir, la consideraba como una redencion; aquella agonía de vida me parecia un silencioso y terrible suplicio.