En cuanto á los chiqueos de las casas monásticas, yo no sé por qué me parecen siempre de estampilla; siempre la misma risa mística y la misma alegría con reservas; siempre la misma solicitud de órden suprema; la ternura de reglamento. Digo que esto me parecia: las cosas deben pasar de otra manera.... Yo no tengo razon tal vez: á mí aquella atmósfera me ahogaba.

Lancaster, que bajo de cierta corteza de frialdad, es hombre de corazon muy entero y generoso, se habia aislado meditabundo. Alcalde estaba en el centro de aquellos infelices, con los ojos llenos de lágrimas, viendo á aquellos á quienes las hermanas llamaban muy dichosos.

Una de aquellas mómias nos seguia tenazmente; ella, como las demás, no pedia, no importunaba.... le preguntó Alcalde á la mujer que iba en su pos, si estaba contenta.—Respondió que sí.—Yo le pregunté: "¿De dónde es vd.?"—"De México," nos contestó con marcada satisfaccion.

—De qué parte de México?

—De la calle del Reloj, cerca de la de Arsinas y las Moras.

Yo me acerqué y le dije.... en voz imperceptible:

—Quisiera vd. volver á su tierra?

Y como galvanizada por mi pregunta, se erguió y me dijo:

—Con toda mi alma, señor, con toda mi alma......