Así recorrimos los jardines, así paseamos bajo las frescas arboledas de Carrondelet.

Allí donde habia una diversion, nos deteniamos.

En una de esas excursiones, concurrimos al Hipódromo, lugar desmantelado al que se penetra por un bar-room donde todo es algazara: el incompetente tablado tendrá cabida para quinientas personas; hombres y señoras estaban en las gradas, adonde tenia aucion de sentarse el que pagaba dos pesos á la entrada, y lo demás del concurso disfrutaba de las caricias de Febo, capaces de achicharrar una losa de mármol.... Vimos carreras como en San Francisco, pero de mucha ménos importancia.

En las tardes prolongábamos nuestra sobremesa, disfrutando yo realmente con la interesante conversacion de mis compañeros.

Alcalde narra de un modo admirable, gesticula, se apasiona, y en medio de su tempestuosa exaltacion, es no solo modesto sino humilde, posee la preciosa facultad de admirar el ajeno mérito, y confiesa sus errores con lisura y sin reticencias.

Lancaster es sólido en sus raciocinios, sostiene sus ideas con firmeza, muestra su saber sin pedantería y sabe escuchar, lo que es cualidad más estimable de lo que á primera vista parece; ántes que todo, cuida de no herir en lo más leve á su adversario; jamás llega en sus discusiones á la porfía, y sus tendencias conciliadoras y su mesura le hacen parecer poco franco; pero es en realidad porque desea que se tenga con él el respeto que él dispensa á los demás.

Francisco Gomez del Palacio es seco y concentrado: habla poco, no disputa jamás; pero cuando es incontenible para él una opinion, estalla, se apasiona y se desborda en arranques de espontánea y poderosa elocuencia: de selecta instruccion, de versacion constante en griegos y latinos, de grande imaginacion y palabra fácil y brillante, Gomez en el trato es dulce, condescendiente y servicial.

De Iglesias no hablo, porque podrian parecer muy parciales mis consideraciones.

La diversidad de nuestros caractéres convertia en interesantes nuestras pláticas, de que yo me aprovechaba sacando lecciones y teniendo motivo de admirar á los que me honraban con su amistad.