A prima noche, dos ó tres de nosotros nos dirigiamos al correo, donde con puntualidad extraordinaria se avisa dia por dia las entradas y salidas de buques, los pasajeros que arriban al puerto y donde se adquieren las noticias importantes de todo el globo.

Muy frecuentemente mis excursiones eran con Alcalde, quien se endiosaba, se desmorecia con los charlatanes que con grande aparato proclamaban sus mercancías.

En la calle del Canal, y al pié de la estatua de Clay, se fijaba uno con su mesilla al frente, sus grandes hachones á los lados y á cierta distancia un pizarron enorme.

Encarecia el vendedor un librito de aritmética de su invencion y aplicable á las más complicadas operaciones mercantiles.

Planteaba su operacion pintando grandes números, despues exponia su método comparándolo con otros: aquello era una maravilla. Se entablaban diálogos, habia aplausos, se codeaba la gente, se decian chistes y se desenlazaba el spich con la realizacion de los cuadernos.

Alcalde se escurria entre la gente, aparecia sobre los hombros de los espectadores, me llevaba á remolque.... declaramos el método admirable y nunca pudimos sumar tres cantidades por el método americano.

El otro embaucador era más diestro: de un banco y un barril vacío habia hecho su tribuna; cuando llegamos á verlo, se engullia copos de algodon como si fueran anises; pero en número tal, de haber relleno para un colchon camero. Hablaba de todo aquel hombre: decia que las medallas que llevaba al pecho eran de todos los soberanos del mundo; Alcalde, que se habia escurrido casi debajo del barril, descubrió que una de esas supuestas medallas, era un peso falso de México.

Despues de citas de Griegos y Romanos, de despabilar sistemas filosóficos y de hablar contra los gobernantes en sátiras tremendas y algunas llenas de chiste, pasaba á tratar de su invento.

Este consistia en la aplicacion de una agua, imitacion de la de las vertientes superiores del Eufrates, que extendida con una esponja recogida en Ceylan, en el lago de los cocodrilos de fisonomía humana, en cualquier objeto de lana, algodon, lino, seda, pelo, etc., etc., se le restituia toda su pureza.... diciendo esto se aparecia sobre las mil cabezas que rodeaban al orador, un vaso de agua cristalina y una bandeja de porcelana.... Salia entónces de su bolsillo, en una botellita, el agua del Eufrates y con ella la esponja de Ceylan.

La gente aplaudia entusiasmada, Alcalde no perdia un solo movimiento de aquel Robert Macaire americano, que soltaba chistes á diestra y siniestra y tenia encadenado de sus labios á su auditorio.