Reinaban la finura y la confianza; multitud de niños elegantemente vestidos, corrian en todas direcciones, caracoleando entre las parejas de baile, bailando en la antesala y armando gresca en el patio, cuando tocaban al asalto de dulces y bizcochos.
Merced á las bondades inagotables de Quintero, nosotros, Alcalde y yo, fuimos amigos considerados de aquella reunion selecta; hablábamos con las señoras en el salon, conversábamos con los viejos retraidos al pasadizo y bebiamos con la gente de buen humor, declarada en sesion permanente en el departamento del ambigú.
Encargadas del servicio interior habria hasta una docena de mulatillas, que así, vistas de soslayo y con toda la circunspeccion de los años y de la buena crianza, me parecieron deliciosas.
Pechos levantados, cinturas breves, ojos mordelones y un cútis sonrosado, verdaderamente fino y agradable. Se mueven como si álguien les hiciera cosquillas, y nadie se mete con ellas; ríen y ven picarescas hasta á las personas mayores y de respeto; en una palabra, son la encarnacion preciosa de la danza habanera, con todos sus requiebros y campanitas.
Un tanto apartados de la mesa del ambigú, despabilados y contentos, estaban algunos viejos chanceros, sazonando sendos tragos con añejos, pero sabrosos recuerdos. Ya prodigaban sus cariños á los chicos, ya decian sus flores á las lindas mozas.... ya hacian, sotovoche, alusiones picarescas, pasando revista á las inquietas mulatillas....
Por supuesto que entre los viejos tuve mi lugar preferente, miéntras Alcalde persuadia en la sala á una lindísima viudita.... que no era verdad que hubiese sido casada, puesto que un solo mes vivió unida á su esposo. Toda la chicana forense habia comprometido Joaquin en aquella discusion, encanto de la viudita.
Graves autores de la Iglesia decian de Santa Teresa, añadió el letrado, que á la santa repugnaba tanto el vino.... que una sola vez que bebió, bebió tan poco.... que no bebió.... Vd. fué casada tan poco tiempo, que no fué casada.... y lo probaria en un claustro de doctores....
Los viejos hablaban de los matrimonios americanos y á la usanza americana, y uno de ellos contó, entre trago y trago, la siguiente anécdota:
"Hace más de veinticinco años arribó á este puerto, procedente de México, un M. Courtier, frances ó descendiente de frances, segun su aspecto y su perfecta pronunciacion del español.
"Vivo, caballeroso, formal en sus tratos y entendido, se dedicó á los negocios é hizo una pequeña fortuna.