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Sobremesa en casa de Quintero.—El Dr. Havá.—Turla. Su muerte.—Sus versos á Rodriguez Galvan.—Quintero. Sus versos.—Traducciones de Poe.—La estatua de Clay.—Soledad.—Dias negros.

En la casa de Pepe Quintero, que veia y me enorgullezco de ver como mia, tuve agradabilísimas reuniones con lo más inteligente y distinguido de la sociedad literaria de Orleans.

Quintero habla y escribe en inglés con pureza y correccion, iluminando su frase con la galanura de los idiomas latinos y el chiste del frances especialmente.

Quintero y Dana son los hombres (entre los que he tratado), que en los Estados-Unidos se pueden entender mejor y más popularmente con los hombres de raza latina.

Quintero es un gran poeta: cierta ternura sombría; cierta filosofía de la escuela de Byron, pero en el fondo llena de nobleza, hacen adorables sus composiciones, principalmente las que se relacionan con sus afectos íntimos.

Conocedor profundo del idioma inglés y de sus más atrevidos giros poéticos, ha podido traducir á Edgar Poe, ese beodo sublime que puso á la misma ciencia al servicio de la locura en su incomprensible idealismo.

Quintero ha traducido brillantemente á Longfellow, reputado como el primero de los poetas americanos, y yo lo creyera si no hubiera aspirado el perfume de los bosques vírgenes en las solemnes composiciones de mi amado William Bryant.

El elogio de las traducciones de Quintero lo ha hecho Longfellow, y yo he visto carta suya en que tributa elogios que envanecerian á cualquiera otro hombre de alma ménos grande que mi amigo.