Como decia, las tertulias de la casa de Quintero eran para mí deliciosas: allí admiré mil veces la instruccion inmensa, la energía independiente, la fé inquebrantable en los principios del viejo leon á quien he dado á conocer con el nombre de Demitrich; allí esclarecí mis dudas históricas con Gayarré, y allí tuve conocimiento con el Dr. Havá, persona muy estimable y simpática.

El doctor tendrá cuarenta y cinco ó cuarenta y seis años; fornido, de color moreno, de altiva frente y de ojos negros que despiden rayos de penetracion y de pasiones tumultuosas.

Desciende de su cabeza á sus hombros, espesa melena de sedosos cabellos que terminan en una rizada extremidad, como el doblez de un cortinaje. Eso le da dureza á su conjunto; pero no solo Havá es hombre sabio sino de una exquisita y sólida educacion, con ciertas originalidades, que sin llegar á la extravagancia, lo hacen singular.

Sabio sin pedantería, humano y generoso, sensible á las bellezas artísticas, á pesar de sus enemigos, es necesario confesarle mérito á este doctor á quien mucho quiere Quintero.

Havá hizo su educacion en Paris, distinguiéndose mucho en su facultad; delira con la preponderancia de la raza latina, y cubano independiente, tiene por México especial predileccion, lo que, como debe suponerse, es un título más á mi cariño.

Hablando de literatura en una sobremesa, se mencionaban las publicaciones periódicas, señalando al Picayune, El Times, El Daly Democrate y L'Abeille de la Nouveell-Orleans, periódico frances en algunas épocas, perfectamente redactado.

Hablándose de instituciones científicas y literarias, Havá habló en los términos más elocuentes de la Academia Médica, ensalzando el mérito de sus compañeros, sin rivalidades ni miserias.

A Quintero tocó el elogio del Ateneo Luisianés, que se puede citar como representante digno de la literatura francesa.

Mercierz, novelista y escritor distinguido, es el secretario perpétuo del establecimiento, y ha dado á luz "La Hija del Sacerdote Delery," y otras obras de sobresaliente mérito.

Con suma complacencia, con verdadero orgullo escuché los elogios á la Sra. Townsed, que ostenta modesta en su tocado de matrona ejemplar, la diadema que ciñeron Saffo y Corina.