Estoy por fin, y por postre,

Llorando por San Francisco,

Por sus cien mil carretones,

Sus carreros y sus chinos

Y su lodo y sus pic-poques,

Pero donde tengo amigos

Que yo amo, que me conocen,

Donde no se vive frito

Bajo de un cielo de bronce;

Donde no vive esta vieja