Y me escapo á troche moche,

Hasta no dar en tus brazos

Que son puerto á mis dolores,

Y no temo que las penas

Miéntras tú vivas, me agobien.

Positivamente, despues de haber vivido en San Francisco, las primeras impresiones de Orleans no podian serme tan agradables como á otros viajeros.

Yo habia conocido á Orleans en 1858; me llevaba de la mano la plenitud de la vida, y aunque mis circunstancias no eran mejores que ahora, me sonreia el sacrificio mismo, la vanidad me mostraba coronas de mirto y de laurel en las manos del sufrimiento. Me parecia que al través de los rayos de gloria que circundaban á Juarez, mi patria distinguia á su coplero, y estas extravagantes alucinaciones me hacian feliz.

Y sin embargo, entónces la miseria nos guiaba, la incertidumbre del futuro hacia inseguros y peligrosos nuestros pasos; pero la estrella de Juarez reverberaba en nuestro horizonte con nítidos fulgores, y dentro de mi alma escuchaba yo en mis horas de abatimiento, los preludios del himno triunfal de la Reforma....

¿Dónde están los actores de aquel drama de audacia, de sacrificio y de gloria? ¿dónde aquel ideal que todo lo embellecia cuando cruzaba sobre las alas blancas de la esperanza y se inclinaba para derramar flores en mi camino?.... Todo habia desaparecido.

Me encontraba en la calle del Canal, es decir, en el corazon de la ciudad; tenia á mi espalda el gran rio Mississippí, que la limita y la ciñe como un poderoso brazo, motivo por el cual algunos le han llamado la Ciudad semicircular.