La calle en que estoy, tendrá cerca de sesenta varas de ancho, y se descubre á lo largo poco más de una milla. El centro de la calle tiene una calzada amplia, con árboles sembrados de trecho en trecho. En la calzada están tendidos los wagones tirados por mulas, que cruzan la ciudad en todas direcciones, por el precio de cinco centavos. Hay un tren de vapor.... la locomotora reducida, pero primorosa, va dentro de un wagon, y corre con la mayor presteza y seguridad.
En medio de la amplia calle hay un extenso cuadrado con enverjado de fierro, sus altos y hermosos faroles y su escalinata, de donde parten las líneas todas de ferrocarriles. Del centro de ese cuadro se levanta la estatua colosal de Henry Clay, ardiente amigo de México, hermosa y dominadora.
El aspecto de la calle que describo, sin ser hermoso, tiene cierta grandiosidad por su amplitud, por la vista en sus extremos: del uno, risueñas y frondosas arboledas; del otro, el rio con sus aguas turbias, sus bosques de mástiles, sus ferris, lanzando plumeros de humo, y sus barcas con sus blancas velas tendidas, como grandes alas que brillan con el sol.
Las aceras de esta calle presentan un aspecto extraño y poco artístico: tendrán diez varas de extension las banquetas, y sobre ellas corre con interrupciones, un tejado que las sombrea y se apoya en morillos, en vigas ó columnas.
En la parte superior del tejado se ven, ya ventanas simétricas con sus persianas verdes, del estilo americano, ya balcones á la española, ya extensos terrados descubiertos, ceñidos con desairados barandales.
Unas casas son altas y escurridas, las otras chatas y amplias, interrumpiéndose este pandemonium y este desórden con edificios verdaderamente suntuosos de cantería y granito, con pórticos y columnas soberbias ó templos góticos con sus altas torres, sus ventanas ojivas, sus barandales de fierro, árboles y jardines.
Las azoteas de esas desordenadas casas, se empinan, se cuelgan, se arrastran, hacen maroma, se despatarran, y como que trepan, descienden y se bambolean: añádase á todo esto que no hay dos casas seguidas de un color, sino que son escarlatas, verdes, amarillas, azules, blancas y de color de cantería, y se tendrá el conjunto más carnavalesco del mundo.
Debajo del portal hay los mismos accidentes que en la parte superior.
Un tramo lo ocupan vendedores de fruta con sus vestidos de lienzo rayado y su sombrero de jipijapa.... á dos pasos se ostentan almacenes lujosísimos de ropa hecha, con sus hileras de figurines en las puertas, con sus ojos de esmalte y sus brazos agarrotados.... Otro paso más, y se halla embarazado por cestos, trastos, canastos, juguetes, huevos de porcelana para coser los puntos de las medias, etc.