Al salir de aquel laberinto, detiene nuestra marcha un hombre que en una mesilla vende tintas y moldes para marcar la ropa, y un vendedor de pegamento que enseña como muestra un plato ó un vidrio rotos y restaurados con el pegamento, suspendidos á ellos enormes pesos para probar su eficacia.

En los suelos, en los postes, en todas las paredes, hay letreros, almireces indicantes de las boticas, anteojos, y en los bar-rooms, exagerados toneles, polichinelas abiertos de piernas, y una cafetera arrojando humo, que es una preciosa ostentacion del vapor (esquina de Canal y Camp).

Las joyerías, las sombrererías, los almacenes de ropa hecha abundan, y ya en las boticas, ya aislados, se ven expendios de agua de Soda, de Vichi, de Saratoga, con sus preciosos aparatos como en San Francisco, y su escolta tambien de sabrosos jarabes.

El conjunto, como hemos dicho, es al extremo desigual, porque si nos hemos detenido complacidos frente á la aduana y el correo, que es un suntuoso edificio de granito, casi no hemos podido dar paso en las cercanías del rio y la estacion del ferrocarril, con jacales por habitaciones, con banquetas sucias, descuidadas, obstruidas por tercios y llenas de charcos y de hoyancos.

Si hemos sentido una impresion de repugnancia frente al cementerio, en cambio el cementerio mismo es de extraordinaria belleza.

Por poco observativo que sea el viajero, encuentra en conjunto y como sin clasificacion, americanos, franceses, alemanes, cubanos en gran número y algunos mexicanos, procedentes de nuestros puertos y fronteras, muy característicos.

La calle del Canal divide la ciudad en dos secciones, teniendo por frontera cada una la acera correspondiente.

La parte que mira al Oriente es el barrio frances, la del Occidente el americano; son las dos razas que se contemplan y como que ponen de manifiesto sus virtudes y defectos; pero no chocan, rivalizan, sí; suelen ponerse en caricatura, pero muy frecuentemente se tienden la mano y hacen efectiva la dulce confraternidad.

El viajero, recorriendo cada una de las aceras, va percibiendo, del lado frances, angostas calles con balcones, tejados, antepechos y estorbos: las casas, son de tres, cuatro y cinco pisos, y abren campo irregularmente á fachadas de suntuosos templos, á pórticos de los hoteles y edificios notables, y á plazas con arboledas frondosas y esmeradamente cuidadas.

No obstante, las calles tienden á la curva, y esto depende, segun la guía que tengo á la vista, de que la ciudad antigua se fué extendiendo, siguiendo la curvatura del rio.