En la parte americana, esas calles angostas, advenedizas, como intrusas y desordenadas, hacen campo y como que se detienen á observar el paso de amplísimas calzadas, de prados sembrados de verde césped y rodeados de elegantes asientos, convertidas en lugares de recreo.

Claiborne, Rampart, San Charles, Explanada, se pueden considerar como los paseos principales.

Las casas de estas nuevas calles dan con sus escalinatas á las banquetas, y están adornadas de pórticos graciosos, jardines risueños y praditos pintorescos.

Las casas de las calzadas blanquean, escondiéndose entre los árboles; de las columnas de sus pórticos y del tímpano que corona su frente, cuelgan enredaderas profusas, y saltan entre sus ondas de esmeralda, la llama del clavel y de la rosa, la espuma de las camelias y azucenas, el zafiro de las violetas y de la pasionaria, y los rubíes de la alfombrilla pomposa.

Entre esas enramadas se distinguen las aves del hogar, las fuentes bullidoras de chorros elevados, los niños juguetones, y cuadros, envidia del viajero, y tal vez recuerdo de una felicidad perdida.

Con el nombre de cada calle del lado derecho, parece que nos sale al encuentro un conocido. Calle de Chartes, de Borbon, de San Luis, de San Felipe, las Ursulinas, como que nos presentan cartas de recomendacion y nos traen recuerdos.

Advierte Molinari, que algun ingeniero que hacia sus delicias de las Cartas de Emilia, puso sus nombres á las calles de las Dryadas, de Erato y de Clio, y este es otro conocimiento que no desagrada á los extranjeros que no son del todo adversos á las reminiscencias mitológicas.

Pero como para acentuar más las diferencias de las dos razas cuyas corrientes se perciben sin confundirse en la calle del Canal, del lado frances se marca la concurrencia con modistas de grandes fallas, viejas devotas, sastres sentados en los mostradores, pasteleros petulantes, barberos charlatanes, cafés cantantes y restaurants á la carte; miéntras en el barrio inglés abundan los bar-rooms, cruzan tercios y carruajes y es más notable el aseo, la amplitud, la grandeza y la luz.

Cuando desde una altura se abraza el conjunto de la ciudad semicircular, aparece con singular belleza.

El inmenso rio Mississippí, como que se detiene enamorado en la fértil llanura que lo descarría.