Los bosques de mástiles, los palacios flotantes, las chimeneas, las velas, las banderas, los borbotones de humo, los pitos de los vapores y el movimiento, forman espectáculo delicioso.

El lago Ponchartrain, que se abre y muestra sus márgenes sembradas de tupidas arboledas, entre las que blanquean hermosas quintas, pastan los ganados y cruzan fantásticos carros y carruajes por entre los troncos de los árboles.

En el centro de la calle, y en carril elevado, corren los wagones; á los lados, carros de todos tamaños, que donde quiera declaran almacen y donde quiera descargan, y pegados á las banquetas, al aire libre, de una y otra acera, corren caños asquerosos, que no recomiendan por cierto el aseo y cultura de la policía de Orleans.

En el City Hotel se multiplican las comidas, lo propio que en un buque, y con toda la pícara persecucion del estómago del plan americano.

El comedor es chaparro; mesas pequeñas con sus carpetas, que fungen á veces de mantel, de damasco, de algodon encarnado y blanco: allí los lagos de las sopas, las petrificaciones de las carnes, los incendios de las salsas y pikles, el ágrio de los budruz calumniados con el nombre de conservas y los envenenamientos al pastel ó por medio de pasteles, como diria un escritorcillo de esos que todo lo echan á perder por hablar claro.

El aspecto del comedor, sin ser alegre ni animado, esencialmente del lado yankee, era bastante agradable.

Las señoras penetraban al salon por escaleras y puertas conexas con su departamento especial, y se presentaban al lado de sus caballeros y rodeadas de sus preciosos y elegantes niños, con señorío y compostura.

El yankee penetra, deposita su sombrero, reconoce el campo, se arma de trinche y cuchillo, cuida de que no esté léjos una fila de platos como una torre, y aquello es hacer surcos en la mantequilla, desparecer las papas, trozar las carnes, llover las salsas y armar San Quintin con el convoy; pero no es comer, no es engullir, no es tragar: son absorciones rápidas, ataques rudos y ejercicios de celeridad inconcebibles: llegar, toser, sorber, pararse y desparecer, es cosa de decir "Jesus"......

La raza latina, más expansiva, se congrega y se busca; la conversacion sazona los platos, y no faltan convidados, ó por lo ménos, platicadores afectuosos.

Por nuestra fortuna, se nos proveyó de un criado llamádose Morales, delgado, de chaqueta azul, listo, con el cabello bien peinado, color moreno, tipo mexicano, despierto como un tendero de Atzcapotzalco ó de Tacuba....