Citóse junta para las ocho de la mañana del 13.

Ahora está de todo punto cambiado el palacio de Guadalajara: procuraré reunir mis recuerdos para describir, aunque sea muy imperfectamente, cómo se encontraba entónces.

El edificio, como ahora está, es un gran cuadrilongo dividido en dos secciones ó patios, el exterior y el interior.

El exterior, que da en su frente con sus balconerías á la plaza y á las calles laterales de palacio, estaba ocupado en su mayor parte por el ministerio de Hacienda, que yo servia; la ala derecha, comenzada por un pequeño despacho del Sr. Juarez y piezas corridas habitadas por los Sres. Juarez y Ocampo: en esa ala se hallaba el comedor y un angosto pasadizo que comunicaba ambos patios: formaban el fondo de ese corredor dos departamentos. El uno, que es hoy el salon de la Legislatura, servia para el Tribunal de Justicia; el otro estaba destinado á capilla: el ala izquierda tenia un cuarto pequeño en que yo dormia, y adelante estaba el ministerio de Gobernacion, que desempeñaba Cendejas en calidad de oficial mayor, por ausencia del Sr. Degollado.

El salon del Tribunal de Justicia era bastante espacioso: tendria de veinte á veinticinco varas de largo, por diez ó doce de ancho. Lo dividian, como en tres naves, columnas robustas y elevadas.

Antes de llegar á su término el salon, se abria una plataforma con su balaustrada, gran dosel y vistosa sillería; á los lados de la plataforma habia dos cuartitos de cuatro varas de ancho por seis de largo, con ventanas que daban al segundo patio: en una de esas piezas despachaba y en la otra dormia el Sr. ministro D. Leon Guzman.

Poco despues de las ocho de la mañana estábamos en la junta, en el despachito del Sr. Juarez.

Al atravesar el corredor ví el patio, al que daba el sol en un lado; en el resto habia fresca sombra, barrian y regaban el patio unos soldados; dos caballos hermosos estaban atados á los pilares, sostén del corredor.

En la primera puerta que daba á la calle habia abocada una pieza de artillería, que relumbraba con el sol; sobre la cureña estaba sentado un soldado con la cabeza inclinada, y el escudo de su chaca tambien reverberaba con el sol. Yo no sé á qué vienen estos detalles; pero me caen de la pluma sin quererlo, y obedezco á ese impulso inmotivado.