Parece que veo á mis compañeros en el despacho del Sr. Juarez. Este se hallaba con su característico frac negro, atento y fino como siempre: junto de la mesa estaba Ocampo, Cendejas al frente, Leon junto al balcon y yo á la izquierda de Ocampo.
Acordáronse varias disposiciones para proveer á la seguridad de la plaza, pues se notaba alguna inquietud, y se consultó al general Núñez, valiente jefe, distinguido caballero, pulcro como nadie y de una fidelidad probada.
Era Núñez alto, delgado, moreno y ojos negros muy hermosos; su aliño era tal, que le valia sátiras de sus compañeros de armas: ántes que cuidar de su comida, cuidaba de que no le faltase en campaña su tina para bañarse y sus útiles de aseo; siempre estaba elegante como para asistir á un baile, jamás contradecia; sus objeciones eran tímidas, su voz dulcísima; nunca se permitia palabra alguna descompuesta con sus subordinados.
En el combate era Núñez temerario: parecia increible su trasformacion; pero con el último tiro se disipaban sus iras, y era bueno y humano con los vencidos.
Núñez habia sido llamado á la junta para la consulta de algunas providencias militares.
Al terminarse la junta, el Sr. Juarez propuso se dirigiese un manifiesto á la Nacion, diciéndole que nada importaba el revés sufrido, y que el Gobierno continuaba con más fé y con mayor brío combatiendo, hasta lograr la consumacion de la Reforma.
Como era muy frecuente en aquellos dias, yo fuí designado para redactar el documento de que se trataba; y me disponia á obedecer, cuando se abrió una puertecita excusada que tenia el despacho, y apareció el Sr. Camarena, gobernador del Estado, diciendo que le habian venido á avisar que el coronel Landa se habia pronunciado en el cuartel del 5.º y que la tropa se disponia á marchar para palacio.
El Sr. Juarez dió órden al Sr. Núñez de que fuese á ver lo que ocurria, y se volvió á nosotros continuando la discusion comenzada.
El Sr. Ocampo me dijo que no perdiera tiempo, y yo tomé unas plumas y papel para irme á escribir á la casa de mi querido amigo Jesus López Portillo, que veia como mia, donde me asistian y dispensaban mil atenciones, y donde me podia aislar para trabajar, como lo hacia con mucha frecuencia.
Es sabido que el general Núñez se dirigió al cuartel de Landa; que allí encontró la guardia sobre las armas y rebelada; que vitoreó al Gobierno; que le rechazaron; que intentó coger por el cuello al oficial, y que un soldado que estaba detrás del corneta, le disparó un tiro sobre el pecho, que le hizo bambolear, y no le produjo mal porque la bala quedó engastada en el reloj que tenia sobre el corazon, en el bolsillo del chaleco. Esta escena se ignoraba en palacio.