Mil veces, al salir de mi niñez, y cuando un caos de estrellas y ráfagas de soles, cruzan por el cerebro de un muchacho, habia oido al inmortal Heredia describir con su voz grandilocuente aquella maravilla, y yo me estremecia y le echaba los brazos, como para que no me arrebatase el torrente en que parecia corria yo aturdido escuchándolo.
Mil veces tambien, como quien desea saborear una preciosa leyenda, rogaba á Manuel Payno me contase sus impresiones de viaje al Niágara, que siempre eran distintas en los labios de ese narrador fácil y entretenido, para mí uno de los hombres que poseen en más alto grado ese delicioso talento de la amena conversacion familiar.
Y muchas veces en los cuentos de Hadas con que solia conciliar el sueño á mis nietecitos, les pintaba un Niágara con sus peñascos de trasparente caramelo, sus corrientes de almíbar y sus caidas entre árboles que producen espontáneos, cochecitos con puertas que se abren, ratones con cuerda, tambores y primorosos maromeros.
Y ¿quién lo creerá? estas sandeces y estas fantasías, me consolaban á mí mismo, como que me fingian un mundo encantado, y olvidaba lo real de mis penas y lo incierto de mi destino.
Por otra parte, las quiebras del camino, la continuidad de sembrados, chozas y fincas, los idilios que la vida del campo improvisa y presenta sin ostentacion ni pretensiones, me tenian encantado, y más encantado con Gomez del Palacio que, conociendo mi lado flaco, me citaba los poetas bucólicos con admirable oportunidad, y con un lujo de memoria que me dejaba absorto. Este Pancho, tiene muchísimo talento.
En el cuarto de fumar, hallé á Lancaster en conversacion empeñadísima con un M. Frank, ingeniero de caminos de fierro, jóven inteligentísimo, de muy buena sociedad y de muy variados conocimientos en muchas materias.
Al estimable ingeniero habia simpatizado Lancaster como un hermano, con todo y su seriedad y sus pocas palabras; le obsequiaba, le prodigaba atenciones; en una palabra, como dicen en mi tierra, le nacia ser su amigo, y cuando yo los sorprendí, estaban alegres y parlanchines como dos viejos camaradas de colegio.
Tratábase de ferrocarriles.
M. Frank decia en muy buen frances:
—Nosotros no hemos dado jamás esa grande importancia que vdes. á la discusion sobre vía ancha y sobre vía angosta: eso lo hemos dejado para las gentes que tienen pocas ocupaciones y mucho afan de hablar y de escribir. Para nosotros la cuestion esencial es crear la necesidad de la vía de comunicacion que inicia el guayin y le sigue la diligencia, allanando los obstáculos, perniquebrando cocheros y haciendo tortilla á los caminantes; de la diligencia sigue el palo-carril, ferrocarril, ó lo que se puede. Se viaja en plataforma pelona, con pésimos terraplenes, durmientes inseguros y todos los defectos imaginables.