En la garita nos instruyeron que en aquel punto se descendia por una escalera de palo, se atravesaba una plataforma saliente muy resbaladiza y peligrosa, aunque defendida por barras y barandales de fierro, y se disfrutaba, bajo la caida de la "Herradura," de un espectáculo terrífico y sublime.
En aquel lugar se provee á los viajeros del descenso arriesgado, de calzado y vestido de hule con su capucha, quedando cada prójimo como un dominó.
Iglesias, Gomez del Palacio, Lancaster y otros compañeros, adoptaron el disfraz; lo mismo hicieron dos señoritas mexicanas, en medio de los generales aplausos.
Yo renuncié al descenso, y miéntras la comitiva desapareció debajo de la tierra, seguí el borde del rio, y hallé, ántes de un magnífico hotel que se llama "Prospects," y del que todas las ventanas dan á la catarata, una empinada escalerita escurriéndose al pié de la gran caida.
El piso superior de la escalera se vuela sobre lo que se llama la "Herradura."
Vese allí en toda su extension el rio sembrado de rocas enormes, entre las que llega chocándose y despedazándose la corriente, alzando plumeros de espuma y polvo: es como media legua la extension. Entre las olas hirvientes crecen el encino, los robles y los pinos de las islas, y la soledad llena de estrépito, remeda una poblacion de espíritus que nos aturden y subyugan.
Llegan las olas hervidoras, como que se enfrenan y comprimen en un semicírculo inmenso de peñascos gigantes, y allí se ahogan y espiran cayendo verdiosas como vidrio fundido, y rindiéndose al precipitarse en aquel derrumbamiento sublime.
El mar espirante se doblega, se aterra, cae á plomo, no se abalanza rugiente al espacio, no se arroja impetuoso, sucumbe exánime como un gladiador hercúleo que inclina la cabeza sobre su pecho para espirar; y así como el humo es el esqueleto de la llama, el polvo de agua es el espectro de la catarata que se eleva ceñido del íris, como un fantasma de la inmortalidad.
En aquel punto no percibí, como todos dicen, circular la caida: á mí me pareció como una escuadra formada por las rocas.... A pocos pasos de mí, un niño, sonriendo, tiraba piedrecillas y se divertia viéndolas desparecer en el raudal caudaloso de las aguas que caian....
Los chorros blancos parecian colgar de lo alto del abismo, la boca del abismo derramaba luz sobre la espuma, las puntas de las rocas eran como cabezas humanas que salian del abismo.